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Monday, October 20, 2014

La Historia del Ex Convento de Nuestra Señora del Carmen


Este Colegio fue fundado por la Congregación de los Carmelitas Descalzos, una reforma de la Congregación de los Carmelitas, impulsada por Santa Teresa de Ávila. La búsqueda de Dios, en un ambiente de santidad, silencio, oración y de sacrificio, era el camino que trazó Santa Teresa para sus seguidores.
 
Santa Teresa Penitente, Pintura de Cristóbal de Villalpando
La primera piedra de la obra fue colocada el 29 de junio, 1615.
 
El arquitecto fue el Fray Andrés de San Miguel.

La función del nuevo convento-colegio fue la preparación de los frailes carmelitas de la Nueva España, que ya estaban muy activos en Querétaro, Celaya, Salvatierra, Tacuba, Toluca, Oaxaca, Tehuacán y en el Desierto de los Leones, en la afueras de la Ciudad de México.
 
Entre 1624 y 1626 se construyó el templo dedicado a Nuestra Señora del Carmen, al lado del colegio.
 
El estilo arquitectónico del ex Colegio de Nuestra Señora del Carmen incorpora muchos elementos de los monasterios e Iglesias de los Carmelitas de España, que a su vez, incluye el estilo mudéjar del sur, tanto en sus azulejos, fuentes y patios. La austeridad era clave, aunque sobre el camino del tiempo, el Colegio de Nuestra Señora del Carmen adquiere cierto toque de lujo en su decorado.
 
En los años siguientes, comenzaron con la construcción de la huerta, en los terrenos que quedaban alrededor del colegio, con un sistema sofisticado de molinos, canales, y puentes. La huerta se hizo famosa por su producción de peras y manzanas, y también de flores.
 
El colegio y la huerta dieron inicio al crecimiento económico y demográfico de la zona, cuyo nombre se cambió de San Jacinto a San Ángel.
 
A partir de la década de 1820, el Colegio de Nuestra Señor del Carmen sufrió un gran revés, cuando las leyes dictaron la expatriación de los españoles y la mayoría de los integrantes eran españoles.  
 
En la guerra con Estados Unidos, fue utilizado el Colegio como residencia  en 1847 para el ejército invasor. El jardín de San Jacinto fue utilizado para el linchamiento de los soldados voluntarios irlandeses, considerados por los americanos como desertores.
 
En 1861, se comenzaron a fraccionar los predios de las huertas. Ya para tiempos de la Revolución Mexicana, el Colegio fue abandonado, pero Zapata ordenó a sus soldados desenterrar a los muertos, ya que “seguramente hay tesoros”. Zapata no encontró tesoro alguno, pero cuando los aldeanos encontraron los cadáveres de los desenterrados. Se suscitó mucho morbo y curiosidad por la “momias”, ya que los minerales de la tierra habían conservado los cuerpos de la completa descomposición, sobretodo los huesos, la piel y la vestimenta.

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